Escola d'escriptura - Ateneu Barcelonès

Cómo nació la primera escuela de escritura creativa del mundo: el origen del Iowa Writers’ Workshop

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Cuando hoy pensamos en una escuela de escritura, nos resulta natural imaginar que la literatura puede enseñarse, que la ficción tiene su método y su aula. Sin embargo, esta idea, la de que escribir pueda aprenderse, es sorprendentemente reciente.

Durante siglos, la creación literaria fue considerada un don innato, un territorio exclusivo del genio. La escritura parecía ajena a la pedagogía, el aprendizaje y la enseñanza.

Hasta que, a comienzos del siglo XX, alguien transformó esa intuición en un método, un programa académico y un espacio compartido.

Así nació, en 1936, el Iowa Writers’ Workshop, en la Universidad de Iowa: la primera escuela de escritura creativa del mundo y, todavía hoy, la más influyente.

El método del Iowa Writers’ Workshop: leer, comentar, reescribir

El Iowa Writers’ Workshop fue fundado en 1936 por el profesor Wilbur Schramm y el escritor Paul Engle, quien lo dirigió durante más de dos décadas.

Su método era simple y revolucionario: leer, comentar, reescribir.

Porque «El talento no se enseña —decía Engle—, pero todos podemos ayudarnos a escribir mejor».

En lugar de clases magistrales, el aula se convirtió en un círculo de lectura donde cada participante presentaba sus textos y escuchaba las observaciones del grupo. Este workshop se convertiría en el modelo que más tarde imitaron decenas de universidades en Estados Unidos y, posteriormente, del mundo.

La experiencia en grupo, la crítica constructiva y la disciplina de la revisión se convirtieron en los pilares de esta formación literaria.

Grandes escritores y escritoras que pasaron por el Iowa Writers’ Workshop

Con los años, el workshop atrajo a una constelación de lo que serían más adelante autores y autoras excepcionales.

Entre su antiguo alumnado y el profesorado figuran:

Por sus aulas han pasado más de 4.000 escritores y escritoras, y 17 premios Pulitzer, además de finalistas del National Book Awardy delBooker Prize.

Iowa City, con poco más de 70.000 habitantes, se transformó en un auténtico santuario literario. En 2008 fue nombrada Ciudad de la Literatura por la UNESCO, la primera en recibir dicho reconocimiento.

El Iowa Writers’ Workshop hoy

Casi noventa años después, el workshop sigue activo y mantiene un prestigio indiscutible. Recibe cada año más de 1.000 solicitudes para apenas 25 plazas de narrativa y 25 de poesía.

El campus conserva un ambiente casi monástico: un lugar donde la escritura es el centro de la vida cotidiana.

Antecedentes históricos del Iowa Writers’ Workshop

Aunque Iowa consolidó el modelo, el taller literario no surgió de la nada. En realidad,  formaba parte de una genealogía de aprendizaje literario colectivo:

Pero Iowa fue la primera en institucionalizar todo este legado y transformarlo en un programa universitario.

La escritura entra en la universidad: la legitimación académica

Uno de los grandes aportes del Iowa Writers’ Workshop fue su institucionalización. Por primera vez, una universidad reconocía la creación literaria como una disciplina con créditos, becas y profesorado.

Pero no faltaron personas detractoras:

Sin embargo, la práctica demostró lo contrario: el workshop multiplicó las voces, diversificó estilos y demostró que, aunque el talento no se enseña, la técnica sí se transmite.

A partir de los años ochenta, el modelo se expandió por Estados Unidos, América Latina y Europa. Mientras que, en España, la enseñanza reglada de la escritura creativa llegó en los años noventa.

Kurt Vonnegut y las curvas de las historias: una anécdota legendaria

A finales de los años sesenta, Kurt Vonnegut, autor de Matadero 5 y de Cuna de gato, entre otras obras, enseñó en Iowa y dejó una de las anécdotas más recordadas.

Solía comenzar sus clases dibujando en la pizarra curvas que representaban la “forma” de las historias: el ascenso y la caída emocional de un protagonista. Sus gráficos eran excéntricos y lúcidos, y décadas después se hicieron virales en internet.

Aquellos años, Iowa era un laboratorio donde convivían veteranos de guerra, poetas beat y jóvenes que soñaban con publicar su primer libro.

Lo que enseñó Iowa: escribir como acto compartido

Visto en perspectiva, el Iowa Writers’ Workshop representa un cambio de paradigma: el paso del mito del genio solitario al reconocimiento de que la literatura es, también, un acto compartido.

Ninguna escuela puede fabricar un escritor, pero sí puede ofrecer un espacio donde la escritura se haga posible. Quizá esa sea la verdadera lección de Iowa: que escribir no es solo inspiración, sino diálogo. Y que cada escuela, como la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, continúa, a su manera, aquella conversación que empezó en Iowa City, una tarde de 1936, cuando alguien se atrevió a enseñar lo que parecía inenseñable: el arte de escribir.

Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès: el legado en Barcelona

El 14 de abril de 1998 nació la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, heredera de este espíritu, pero con una visión propia: formar escritores y escritoras —y también lectores y lectoras conscientes—, fomentar la cultura literaria y ofrecer un espacio de aprendizaje accesible y plural.

Hoy es la escuela de escritura más grande de Europa, con:

Ubicada en el Palau Savassona, en pleno barrio Gótico de Barcelona, forma parte del Ateneu Barcelonès, institución cultural fundada en 1860.

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